Volkswagen Golf 1.6 TDI 105 DSG Advance

Pone el listón muy arriba

Pedro Martín/Fotos: Bryan Jiménez
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Actualizado el 03-01-2013

Los cinco motores que forman la gama inicial del nuevo Golf presumen de economía, aunque se lleva la palma el diésel 1.6 TDI de 105 CV, mejorado respecto a la generación anterior y que aquí probamos combinado con el eficaz cambio DSG de siete marchas. Pero además de ahorrador, el coche alemán es muchas cosas más, y casi todas buenas, porque evoluciona en calidad, equipamiento, seguridad, agrado de uso y facilidad de conducción.

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Cuando en 2010 Volkswagen sustituyó el anterior Passat por el actual explicamos que la nueva berlina de la marca alemana era un gran coche, y que estrenaba muchas tecnologías reservadas hasta entonces a productos ‘premium’; pero contamos también que la evolución en aspectos clave, como la carrocería, el chasis o los motores, no era profunda.


Nada que ver, desde luego, con lo que ha sucedido ahora cuando la séptima generación del Golf ha relevado al modelo precedente, cuya vida comercial ha sido muy corta –cuatro años– pese a mantenerse como indiscutido ‘best seller’ europeo. El Golf VII, nuevo de arriba a abajo, es el que más evoluciona frente a su antecesor en la historia reciente de este modelo, pues estrena plataforma –la ‘MQB’ también empleada por los nuevos Audi A3 y Seat León–, introduce motores inéditos o muy mejorados, aporta novedades como la dirección de desmultiplicación progresiva e incorpora equipamientos muy avanzados en materia de confort o seguridad.

 

¿Y la carrocería? Pues habrá quien valore la imagen de este séptimo Golf como continuista –más que negarlo, en la firma de Wolfsburg se enorgullecen de ello–, pero lo cierto es que hay más cambios de lo que parece. Por ejemplo, la forma es ahora más aerodinámica, el eje delantero avanza 43 milímetros, el capó se alarga, las ópticas cambian –sobre todo las traseras, más estilizadas– y los pasos de rueda o el gran pilar ‘C’ –el trasero– son casi idénticos a los del Golf IV, modelo que ha servido a los diseñadores como fuente de inspiración.


No hay variaciones radicales en las dimensiones, pero ninguna de las cotas principales es respetada: el coche crece seis centímetros a lo largo y uno a lo ancho, y tiene también más distancia entre ejes, mientras que la altura se reduce tres centímetros. El maletero, por ejemplo, experimenta una mejora notable, pues el borde de carga queda más bajo que antes y el volumen pasa de 350 a 380 litros. Tiene un suelo que podemos colocar a dos alturas –en la posición elevada, 10 centímetros más arriba, crea un aprovechable doble fondo– y en su base aloja la rueda de repuesto, de medida más pequeña. Y si abatimos el respaldo trasero, dividido en secciones 60:40, la capacidad para equipaje es de 1.270 litros, aunque en ese caso no queda un plano de carga totalmente horizontal.

 

En cuanto al habitáculo, cinco adultos pueden acomodarse porque hay buenas cotas de altura, longitud y anchura, aunque la plaza central trasera se ve perjudicada por lo voluminoso del túnel central y, en menor medida, por el mueble que soporta las salidas de aireación. Pero el confort no es sólo el espacio, y los ocupantes del Golf disfrutarán de un entorno acogedor, pues llega poco ruido desde el exterior o desde el motor, la carretera queda bien filtrada –bonito detalle ahora que los asfaltos españoles están hechos una pena– y todo rezuma calidad y robustez. El portón del maletero abre y cierra con inusitada suavidad –señores ingenieros, enhorabuena–, las puertas laterales también transmiten sensaciones de coche bueno con su amortiguado ‘pumm’ al cerrar y el acabado interior admite pocas críticas: asientos cómodos, estupendos materiales, ensamblaje perfecto, total ausencia de ruiditos sobre firme bacheado... Y el diseño general es más moderno, con elementos dignos de segmentos superiores como la pantalla central táctil o el freno de estacionamiento electrónico. Diseño y funcionalidad, pues nuestro protagonista ofrece multitud de huecos para colocar cosas, como las amplias bolsas rígidas de las cuatro puertas, revisteros en los respaldos, cajones bajo las banquetas delanteras, una guanterita en la zona izquierda del tablero, cuatro portavasos, apoyabrazos delante y detrás, portagafas... Vamos, que no hay mucho que objetar. Si acaso, el diminuto tamaño de los botones del volante o lo pequeñas que son también las levas de cambio –llegamos con la puntita de los dedos– de las versiones DSG.

 

Y de aquella mala costumbre de antaño de vender los Golf poco equipados ya no queda rastro, pues la dotación de serie es más que razonable. El motor 1.6 TDI se combina con tres niveles –Edition, Advance y Sport–, y ya en el primero, 1.550 euros más barato que el Advance probado, encontramos nueve airbag –se incluye el de rodilla para el conductor–, reposacabezas delanteros activos, anclajes Isofix traseros, control de estabilidad, diferencial XDS de efecto autoblocante, aire acondicionado, ordenador, elevalunas eléctricos en todas las puertas, espejos eléctricos y calefactables, asistente de arranque en cuesta, sensor de presión de neumáticos, radio-CD, volante forrado en cuero, llantas de aleación o faros antiniebla con luz de giro. Pero si nos lo podemos permitir, el nivel Advance compensa de sobra, pues añade apoyabrazos central trasero con escotilla de conexión con el maletero, más huecos donde colocar objetos, control de velocidad de crucero, modo Eco en la pantalla –muestra gráficos de consumo y consejos útiles para ahorrar carburante–, volante multifunción, el paquete Luz y Visión –compuesto por sensor de lluvia, espejo interior fotosensible y más luces ambientales en el interior–, radio-CD de prestaciones optimizadas, climatizador de dos zonas, Park Pilot delantero y trasero –son los sensores de aproximación que ayudan a estacionar– o, ya en el terreno de la seguridad, dos sistemas nada habituales en este segmento: el Pre-Crash –en caso de frenada de emergencia tensa los cinturones, y si la situación se pone ‘fea’ de verdad llega a cerrar las ventanillas o el techo corredizo– y el detector de fatiga.


Lo que ya no interesa tanto en el caso del Golf 1.6 TDI es escalar al acabado Sport, porque algunos de sus elementos de serie están ideados para un nivel de prestaciones que esta mecánica de 105 CV no procura. En lugar de eso, será más lógico echar un vistazo a la extensa lista de opciones, que tiene casi de todo para personalizar el coche por dentro y por fuera, y para acceder a tecnologías de seguridad innovadoras: faros bi-xenón y direccionales, asistente de luces de carretera, cámara de marcha atrás, sistema de aparcamiento semi-automático Park Assist, control de velocidad de crucero adaptativo ACC con asistente de frenada de emergencia Front Assist... Ahora bien, resulta menos entendible que todas las pinturas de carrocería, a excepción del Gris Urano, tengan sobreprecio. Incluso las que Volkswagen llama ‘pinturas lisas’.


Unas líneas antes citábamos el motor, y hay que decir que Volkswagen ha mejorado este 1.6 TDI pese a anunciarse los mismos 105 CV que antes. Pero si hasta ahora llegaban a 4.400 rpm ahora los disfrutamos, de manera constante, entre 3.000 y 4.000 vueltas, lo que redunda en un mayor agrado tanto en ciudad como en carretera, pues al acelerar no apreciamos ese cierto vacío a bajo régimen que sí notábamos antes. Y la combinación con el cambio DSG de siete marchas funciona, pues este Golf va como la seda. Dicho eso, conviene aclarar que sigue sin ser una bala, sobre todo a plena carga, pues nuestra unidad ha necesitado 12 segundos para acelerar de 0 a 100 km/h –se anuncian 10,7–. En proporción, nos parece más ágil en maniobras de adelantamiento: 8,9 segundos para recuperar de 80 a 120 km/h. Y con el asunto del consumo ocurre algo similar, pues se homologa menos gasto que antes –en base a la mejor aerodinámica, al menor peso, al ‘Start/Stop’ o a la recuperación de energía en frenadas– pero no lo hemos constatado en la práctica, ya que la media obtenida, de 6,2 l/100 km, se aleja ‘un poquito’ de los 3,9 oficiales. ¿Tragón? En absoluto, pero esperábamos que fuese un mechero... y no lo es. Cuando probemos a fondo la versión de cambio manual –de cinco marchas– veremos hasta qué punto influye el tipo de transmisión en este capítulo.

 

Por la caja DSG, que tiene dos modos de uso automático –normal y deportivo– y uno manual –se cambia con la palanca o con las levas– hay que pagar un extra de 1.730 euros, que no es precisamente poco; pero si pensamos en usos urbanos, o nos gusta practicar una conducción ‘animada’, esta transmisión de doble embrague es un primor: suave, rápida... El complemento perfecto para un conjunto ‘redondo’, uno de esos coches que apetece conducir porque todo funciona, todo es preciso y todo responde hasta en las situaciones más extremas. Así, la dirección es más rápida –un cuarto de vuelta de volante menos entre topes– y agradable que antes, pues es de desmultiplicación progresiva, lo que en retorcidas vías de montaña acentúa la ya habitual facilidad de conducción de todo Golf. Además, los frenos son los mismos que en la versión 2.0 TDI de 150 CV, todo un halago para el Golf 1.6 TDI aquí probado y que se traduce en distancias de detención cortísimas: sólo 50,4 metros para clavarnos desde 120 km/h, dato al que colaboraron los neumáticos opcionales de nuestra unidad, unos 205/55 R16 que elevan algo el consumo pero se agradecen en conducción ‘alegre’.

 

En cuanto a la suspensión, la versión probada equipa detrás un sencillo eje torsional en lugar del sofisticado multibrazo que llevan los Golf VII con 122 CV o más. Para el 99 por ciento de las condiciones de trabajo cumple sobradamente, y sólo buscándole las ‘cosquillas’ hallamos pequeños inconvenientes, como una frenada extrema algo peor en curva rápida –el ABS entra en funcionamiento antes de lo debido al descargarse la rueda trasera interior– o un comportamiento algo más rebotón en apoyos fuertes si el asfalto se deteriora, aunque para que eso suceda el ritmo de marcha tendrá que ser ‘infernal’. No obstante, presume de estabilidad, y sobre todo de un compromiso entre eficacia y confort difícil de encontrar en sus rivales.

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