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La fascinante historia de los juegos de dados: desde el Antiguo Egipto hasta hoy

#APUESTAS | Contenido para mayores de 18 años

Todo empezó con un astrágalo. Bueno, en realidad nadie lo sabe: no tenemos certeza alguna sobre cuándo y dónde exactamente se inventaron los dados. Posiblemente en varios lugares del mundo, en distintos momentos del pasado remoto. Pero una de las teorías más sólidas apunta al astrágalo como el origen de los dados, al menos en nuestra parte del mundo. En otras, tuvieron otros precedentes. Pero una cosa es segura: en un momento u otro, todas las culturas de la historia crearon dados y jugaron con ellos. Esta es su historia.

Entre las tabas y las tablillas: los precedentes del dado

En el antiguo Egipto existía un juego llamado “Senet”, un juego de mesa con un tablero rectangular, de 30 casillas, en las que dos jugadores se enfrentaban con dos tipos de fichas distintas: unas eran cónicas, parecidas a peones de ajedrez, mientras que otras eran cilíndricas y entalladas. El objetivo era avanzar hasta el otro extremo del tablero, bloqueando y capturando las del rival. Suponemos, porque las reglas exactas nunca las hemos encontrado, se han reconstruido a partir de las muchas referencias que encontramos en jeroglíficos de papiros y paredes.

Pero, en cualquier caso, el avance de esas fichas lo determinada el resultado numérico que obtenían al lanzar cuatro pequeñas tablillas, que por un lado no tenían nada, y por el otro tenían una inscripción o dibujo. Dependiendo de cuántas caían de cada lado, el resultado era uno u otro.

Este juego está documentado desde el cuarto milenio a.C., y ya vemos cómo, aunque no tuvieran dados como tales, el concepto de arrojar un objeto para obtener un resultado numérico aleatorio estaba ahí.

En otras zonas del Mediterráneo o de Asia central, mientras tanto, los distintos pueblos pastoriles jugaron a otro juego, que puede que al lector le suene: las tabas. Aunque hoy es un juego casi desaparecido, fue extremadamente popular durante milenios. Se jugaba con el astrágalo que mencionamos al principio del artículo: se trata del hueso que conecta directamente los huesos de la pierna con los del pie. Lo tenemos casi todos los mamíferos, y el de cabra u oveja tiene una forma ideal para jugar.

El astrágalo, o taba, tiene seis caras, pero dado que dos de ellas son tan estrechas que nunca se sostiene en ella, cuenta como si solo tuviera cuatro caras. Como cada una es distinta, no hacía falta numerarlas ni escribir nada, todo sabían el valor de cada una.

Dado que no siempre tenían tabas a mano, los antiguos romanos acabaron creando “tabas artificiales”, unos dados cúbicos llamados “tali”, grandes, que dejaban dos de sus caras vacías, e inscribían en las otras cuatro los números 1, 3, 4 y 6. Luego empezaron a fabricar otros, que llamaban “tesserae”, más pequeños, y estos sí con sus 6 caras inscritas. Con el tiempo, griegos y romanos desarrollarían otros tipos de dados, como el de 20 caras, que hoy conocemos bien los que alguna vez jugamos a rol, pero que entonces servía… no solo para jugar.

Cuando los dados servían para la adivinación

En el pasado, el azar era una cuestión extraña que iba más allá de la suerte matemática. ¿Es que aquel azar, tan extraño e imprevisible, era acaso la voluntad de los dioses? ¿Te estaban diciendo algo cuando obtenías tres o cuatro veces el mismo resultado? ¿Significaba algo aquel símbolo concreto que conseguías?

Profetas, augures, místicos, todos ellos interpretaban el azar en las cosas: en el vuelo de los pájaros, en las entrañas de los animales sacrificados, en los posos de una infusión… o en el resultado de un lanzamiento de tabas o de dados. Ambos se usaron en la adivinación: la astragalomancia se basaba exclusivamente en predecir el futuro con astrágalos sobre los que se escribían letras del alfabeto. En cuanto esos dados de 20 caras que encontramos por ejemplo en el Egipto Ptolemaico, a menudo tenían letras inscritas también, y su propósito más probable fuera místico o adivinatorio.

Pero, claro: el azar, o la voluntad de los dioses, puede usarse para cosas mucho más ligeras. Como la pura y simple diversión.

Dados: milenios de diversión

Si dejamos de lado tabas y tablillas, y nos quedamos exclusivamente en los dados, tenemos que irnos hasta finales del cuarto milenio, y principios del tercero a.C. para encontrarlos en diversos yacimientos del planeta. Dos lugares se disputan el privilegio de albergar los dados más antiguos excavados hasta ahora.

Por un lado, en Escocia, en el maravilloso yacimiento de Skara Brae (un poblado prehistórico muy bien conservado en las islas Orcadas) se encontró un juego de dados de hueso, cuya datación los enmarca entre el 3100 y el 2400 a.C. Para el otro set, hay que viajar hasta el sudeste de Irán, a la ciudad de Shahr-i Sokhta, que en lengua farsi significa “Ciudad Quemada”. Se trata de otro espectacular yacimiento de la Edad del bronce, y allí encontraron otro juego de dados que podría datarse entre el 2800 y el 2500 a.C. Unos siglos más tardíos serían los dados de barro cocido que se encontraron en Mohenjo-daro, el asentamiento central de la cultura del valle del Indo, entre el 2500 y el 1900 a.C.

Desde entonces, de forma prácticamente ininterrumpida, los dados nos han acompañado no tanto en tareas adivinatorias, como en las lúdicas. Los romanos llamaban a jugar a los dados “aleam ludere”. La famosa frase de Julio César al cruzar el Rubicón, ese “alea iacta est”, que solemos traducir como “la suerte está echada”, en realidad sería más bien algo como “los dados están echados”. Que, claro, significa en el fondo lo mismo. Pero dice mucho sobre la importancia de esos dados. La cantidad de dados romanos recuperados en yacimientos de todo el imperio nos habla bien sobre lo extendido del pasatiempo, pese a que oficialmente las apuestas de dados estaban prohibidas. Y durante la Edad Media tampoco dejaron de jugar.

Un estudio revela cómo cambiaron los dados desde el periodo antiguo al moderno

Los investigadores Jelmer W. Eerkens y Alex de Voogt, del American Museum of Natural History, publicaron hace unos años una investigación sobre dados en Países Bajos, desde la época romana hasta la moderna, que dejó datos muy interesantes.

Por ejemplo, la variabilidad: en época romana los dados eran absolutamente variables en cuanto a tamaños, materiales y disposición de los números. En algún momento de la Edad Media esto se fue estandarizando, aunque durante los primeros siglos medievales (hasta el 1100 aprox) eran muy chiquititos. Luego fueron creciendo de nuevo, y hasta el 1450 se estandarizaron casi por completo. En adelante, aunque forma y tamaño seguiría estandarizada, los materiales cambiarían mucho.

Otra cosa muy interesante es el cambio en la forma de los puntos: los autores han comprobado cómo en los dados más primitivos, los puntos de cada lado estaban hechos con un punto central, dentro de dos círculos concéntricos. Esto era más lento y costoso de hacer, por lo que la tendencia en la Edad Media fue simplificarlos, hasta convertirlos en un punto grande simple.

Por último, otro cambio muy llamativo fue la disposición de los números dentro de los dados. Esto, como decíamos, en época romana fue muy variable, pero hacia el siglo VII la mayoría disponían los números “a sietes”, es decir, que las caras opuestas suman 7: 1 y 6, 2 y 5, 3 y 4. Sin embargo, hacia los siglos XII o XIII, aquello cambió por una disposición “a primos”, es decir, que las caras opuestas sumaban un número primo: 1 y 2, 3 y 4, 5 y 6. En el siglo XV aquello volvió a cambiar, y la gente regresó a los dados con la disposición “a sietes”, que actualmente es la que más utilizamos hoy.

Los dados hasta hoy

Los dados han seguido acompañándonos hasta el presente. En algunos casos han dado lugar a otros juegos: se teoriza que los dados chinos dieron origen, primero, al dominó, y luego a los naipes chinos. Algo parecido pasaría en el Mediterráneo: los dados fueron un juego preferente durante la Edad Media, pero la aparición de los naipes los iría desplazando en parte.

No es que los dados desaparecieran, simplemente los usos van cambiando. En España siguen siendo indispensables para muchísimos juegos de mesa, y la multiplicidad de formas los asociamos a los juegos de estrategia o de rol. Sin embargo, es cierto que “jugar a los dados” como tal es una actividad mucho menos habitual que en países como Estados Unidos, donde los “craps” son un juego central en los casinos.

Algo que muestra con claridad las diferencias culturales entre países respecto a los juegos de dados es, precisamente, la regulación de los casinos online: mientras en otras partes del mundo se puede apostar a los dados, en España la Dirección General de la Ordenación del Juego no concede licencia a los proveedores para ofrecer dados en vivo. Los jugadores españoles, pues, buscan otras alternativas, desde apuestas deportivas en Bwin hasta la ruleta en vivo de UZU, pasando por los sitios especializados en póquer. ¡Pero nada de dados!

Y es que con el juego siempre existe ese tira y afloja, ese prohíbe-pero-cede, que solo con el paso de los siglos ha ido llegando al compromiso entre las dos partes que podríamos resumir en “regula”. Solo que, en el caso de España, los dados han quedado fuera.