Nada puede entenderse sin tener en cuenta los diferentes elementos. Pongamos, por ejemplo, los trágicos registros de una siniestralidad en nuestras carreteras que a lo largo de la última década, no solo disminuyen, sino que además crecen y tienen un promedio de tres personas fallecidas y 13 hospitalizadas por día. Unos datos que han provocado que el ministro del Interior los califique de “inasumibles”, y ponga en marcha por medio de la Dirección General de Tráfico, lo que mejor saben hacer, aumentar el número de radares. En la actualidad, entre móviles, fijos y de tramo hay, que se sepa, un total de 2010 y a éstos hay que añadir un surtido nuevo y variado de 122. Estos conseguirán aumentar la última recaudación anual que, según datos de la propia DGT, sobrepasa los 500 millones de euros. Un resultado lógico si tenemos en cuenta que el 70 por ciento de las multas en carretera están relacionadas con sobrepasar la velocidad autorizada. En este sentido y según el gabinete jurídico de Pyramid Consulting, son mayoría las sanciones interpuestas en tramos que no representan especial peligrosidad, pero tienen límites de velocidad que producen sanciones medias sin pérdidas de puntos.
Con la inversión en radares se pueden salvar vidas
En este contexto, les recuerdo que según la legislación vigente, los ingresos obtenido por multas de tráfico deben ir destinados a todo lo que pueda mejorar la Seguridad Vial, o lo que es lo mismo, la Administración (léase presidente Sánchez y ministro Puente), tiene la obligación de destinar la totalidad de la recaudación producto de las sanciones en la reparación y mejora de las infraestructuras viarias, asistencia en carretera, educación vial y todo los que tiene que ver con la prevención de accidentes. En este sentido y según un estudio realizado por la Fundación Mapfre y la Asociación Española de la Carretera, resulta que, con una inversión de 1.800 millones en las vías secundarias actuales, podrían salvarse en torno a trescientas vidas al año. Unas carreteras secundarias que con sus intercesiones, mala señalización, calzadas bacheadas y prohibición del margen de 20 km/h para adelantar han registrado el 70 por ciento de accidentes con víctimas, entre los que destacan las salidas de la vía y los choques frontales.
Claro que hay que respetar los límites de velocidad y colocar radares en las zonas peligrosas. De la misma manera que hay que retirar de la circulación a los insensatos que conducen bajo los efectos del alcohol y las drogas. Exactamente igual que hay que perseguir a aquellos que no se ponen ni el cinturón de seguridad o el casco, aunque los que pueden resultar más temerarios son aquellos que conducen distraídos, con sueño o utilizando el móvil. En resumidas cuentas, hay que gastar menos en radares y más en mejorar las carreteras y en educación vial. Con esto y más presencia de la guardia civil en las vías, seguro que a final de año tenemos mejores datos.