La Fórmula 1 ha cambiado drásticamente desde sus días en la década de 1980, una era caracterizada por riesgos extremos, condiciones adversas y situaciones que hoy parecerían impensables. La historia del automovilismo mundial está llena de momentos inolvidables, y algunos de los más insólitos y emocionantes ocurrieron en aquellos años. Un ejemplo emblemático de esta época es el protagonizado por el británico Nigel Mansell, uno de los grandes pilotos entre los años 80 y mediados de los 90.
En 1984, el Gran Premio de Dallas en Estados Unidos se destacó no solo por las hazañas en la pista, sino también por las condiciones extremas que pusieron a prueba a pilotos y coches. El circuito era precario y el calor insoportable. Con temperaturas que superaban los 40 grados Celsius y una pista que alcanzaba los 70 grados, la carrera se convirtió en una verdadera prueba de resistencia. Los proveedores de neumáticos, Goodyear, Pirelli y Michelin, no entregaron los compuestos para la clasificación, conscientes de que no durarían ni media vuelta.
Una carrera de la Formula 1 por la supervivencia
El Gran Premio comenzó a las 11 de la mañana para intentar mitigar el calor, pero las condiciones siguieron siendo extremas. De los 25 coches que comenzaron la carrera, solo 8 la terminaron y solo 2 completaron el recorrido total. En medio de este caos, Nigel Mansell protagonizó un momento icónico. Con su coche dañado por un choque, Mansell impactó nuevamente contra un muro de contención cerca de la línea de meta.
En lugar de abandonar, se bajó del coche y comenzó a empujarlo. Alcanzó su objetivo y se desmayó justo después de cruzar la línea, terminando sexto. La imagen de Mansell tirado junto a su coche es un reflejo del desastre que fue esa carrera, ganada por Keke Rosberg. El piloto terminó completamente desmayado a un costado de su monoplaza, algo inédito para esta época.
Otras locuras de la Formula 1 en los 80 y 90
La década de los 80 y principios de los 90 también estuvieron marcados por gestos de camaradería y respeto entre los pilotos, algo que se ve menos en la era moderna de la F1. Un ejemplo memorable ocurrió en el Gran Premio de Silverstone de 1991. Nigel Mansell ganó la carrera después de un intenso duelo con Ayrton Senna, quien terminó cuarto. Sin embargo, el momento más destacado fue cuando el brasileño se quedó sin combustible y tuvo que abandonar su coche en la pista.
Mansell, que estaba en su «giro de honor», se detuvo y le ofreció a Senna un aventón de regreso a los boxes, llevándolo en su Williams mientras los espectadores aplaudían. Este acto de deportividad y camaradería fue una de las imágenes más emblemáticas de la Formula 1. El sudamericano, agradecido, le dio varias palmadas en el casco a su colega mientras se dirigían a los boxes.